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"SOLO SHOW" (2009)

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GONZALO AGUILAR

El halo claro de la luna

 

 

 La muestra individual se presenta, para todos los artistas, como un objetivo, un cierre y un punto de llegada en el que exhibir una habilidad artesanal o un ingenio conceptual. Toda una política del narcisismo que hace mover el mundo del arte. Con Solo show Mara Facchin hace de la muestra individual no un punto de llegada, sino un dispositivo de exhibición y una instantánea de lo que está sucediendo en el medio de un proceso. De su proceso creativo. No es que no haya habilidad artesanal: más bien todo lo contrario, ya que en sus obras se acopla la investigación informática con el ensamblado riguroso y delicado de técnicas experimentales como el lenticular de Círculo cromático. Tampoco es que falte el entramado conceptual, sólo que las obras no son consecuencia de un significado previo sino que impulsan al espectador a formar sus propias figuras. Hasta el título de la muestra y el paródico libro que se niega a ser leído no le ofrecen al visitante otra clave que la de su vacío y la de su transparencia, la levedad con la que cada obra se relaciona con la que tiene a su lado.

 Si tuviera que profanar la transparencia con una interpretación, si tuviera que ocupar un lugar entre las obras –y es inevitable que algo así ocurra–, diría que Solo show es una muestra sobre el halo del color. Desde la apropiación de la fotografía de Gorskii, que trata a los cuerpos como fantasmas a través del color que la cámara les hace emanar, hasta Pops y Círculo cromático. Otras dos obras de Solo show pueden leerse como extremos de un mismo arco: Ocaso, donde el color se vincula con el blanco y el amarillo solar de un huevo frito, y Singles, agujeros negros donde el color se evapora en giros para convertirse en sonido. Como en esta última obra, el color o su ausencia no configura sólo una mirada estética sobre lo cromático sino que lo vincula con la memoria, la memoria personal en Ramo, la colectiva de los discos de pasta, la anónima y humana de las fotos de Gorskii. Y en esto consiste el efecto encantatorio del halo coloreado en Solo show: evoca, más que una cartilla, un hecho de memoria que no está puntualmente en ningún lado. Como si los colores transitaran por el aire, las transparencias, los reflejos, los tules, la información del chip, las telas entintadas y las retinas no menos vidriadas ni transparentes (¡como un huevo!) del espectador. La unidad de la muestra finalmente no está en el concepto que nos entrega de antemano sino en el recorrido de quien la visita, quien es convertido en alguien no menos fantasmal que la mujer que posó, hace ya muchos años, para la cámara de Gorskii.

 Mara Facchin hace tiempo que se dedica a dos nociones que se oponen: la transparencia y el estampado. O, en otro plano, la mano y la informática. O, también, el aire y la obra. Su habilidad (o más bien su delicadeza) consiste en hacerlos convivir por la diferencia y no en anularlos en su antagonismo: transparencia y estampado. Como esos biombos que alguna vez supo desplegar y que ocultan exactamente lo mismo que muestran.

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